¡Si me ataca, lo ataco!… ¿Si me ataca, la ataco?…

AgresiónEn el 2003, cuando era la coordinadora del portal estudiantil Incampus de la Universidad del Norte, me pidieron que escribiera un artículo sobre la convivencia para ser publicado en el marco del Programa de Cultura Ciudadana y Universitaria. Lo hice y hoy se los reproduzco en este espacio. Espero les haga reflexionar ;-)

¡Si me ataca, lo ataco!… ¿Si me ataca, la ataco?…

Olvidémonos un poco del clásico esquema de un programa de convivencia social, que siendo honesta, siempre he considerado que son muy rígidos llenos de esquemas y mensajes a seguir sin que realmente aporten algo nuevo o algo diferente a la retórica que ya conocemos, ¿no te parece?

Aprender a no agredir el congénere, fundamento de todo modelo de convivencia social…¡ah!… si si si ya sé que debes estar imaginando, ya viene aquí ella con esa trillada carretilla de siempre, que no debemos agredir a quienes nos agreden, que debemos perdonar a quienes nos ofenden (todo muy a la mitología cristiana), una cantidad de bla bla bla, que realmente por un oído nos entra y por el otro nos sale más rápido que lo que canta un gallo.

Si crees que estoy en ese plan, estás en los limbos, ¡esa no es muy intención!… Salgamos por un momento del Programa de Cultura Ciudadana y Universitaria y veamos nuestra vida diaria, que es el punto al que quiero llegar. Todo lo que aquí expongo es producto de experiencias personales y de personas allegadas a mi con relación al tópico, creo que esto es realmente lo que más cuenta para entender la aplicación de esa frase a nuestra convivencia diaria, ¿no lo crees?…

Recientemente me sucedió esto: Yo tengo un amigo muy allegado a mi, y una chica, amiga de él y conocida mía, celosa o envidiosa de nuestra amistad y de nuestro alto grado de conexión, tomó la decisión de que debía enemistarme con él para que nos separamos, ¡así de sencillo!… y eso empezó a hacer, efectivamente su tretas y artimañas empezaron a tener efecto es nuestra relación que se fue deteriorando rápidamente, hasta que después de unos meses, percibiendo señales y reflexionando lo sucedido, nos dimos cuenta de lo que había estado pasando y a quien le debíamos nuestro mutuo enojo. Lo más probable es que la reacción de x persona fuera: “¡ajá, ella me las va a pagar!”, y enseguida comenzaría a armar un plan de venganza contra quien considera su enemiga, ¿cierto?… pero NO, no es la respuesta correcta, no porque lo diga una frase o porque esté presente en un libro a quienes muchos le obedecen; NO, en mi caso no obré así por la sencilla razón de algo a lo denomino las leyes de la vida.

Pensemos sobre esto, ¿qué hubiera sacado si hubiera ejecutado contra ella un plan metódico de venganza?… fuera de gastar tiempo y energías, más nada… ¿o si hubiera dado rienda suelta a mi rabia, furia e ira?… lo más probable un infarto … o mejor aún, ¿si me hubiera puesto en el mismo plan de ella, de enemistarla con mi amigo?… mucho menos, hubiera sido bajar a su nivel… en todos los casos la estaría agrediendo, ¿cierto?, pero probablemente digas: “¡Ella fue quien comenzó, estoy actuando en mi legítima defensa!” y yo te respondo, tomar represalias, agredirla, ¿arreglaría la situación?…. por supuesto que no, por lo tanto, la solución no estaría en arremeter contra ella. Entonces, ¿dónde estaría la respuesta y que tiene ver con eso de las leyes de la vida?…

Es muy sencillo, ¡no te alarmes!… en primer lugar pues lo ideal hubiera sido que ella no me hubiera agredido y que no se hubiera puesto en el plan en que se puso, pero inevitablemente pasó, responderle con una agresión no sería la respuesta por dos razones: la ley del boomerang y la ley de la triplicación, dos principios básicos en la convivencia social, dos normas que hacen parte de la ley de la vida. La ley del boomerang nos dice que todo aquello que le hagamos a alguien sea de la naturaleza que fuese, alguien lo hará contra nosotros, es decir, que todo aquello que enviemos a las otras personas, con total seguridad regresará a nosotros tarde o temprano; y la ley de la triplicación nos dice, que todo aquello que se nos regrese, se multiplicará por tres o más veces, es decir, si hacemos el bien, recibiremos el bien con grandes creces; si hacemos daño, lo mismo recibiremos en grandes cantidades. Teniendo esto muy en cuenta reflexiona cuando alguien te ataque, no lo ataques, solamente defiéndete, protégete pero sin hacerle daño, porque esa persona deberá rendir cuentas con creces en algún momento de su vida por el daño que ha causado, y si lo atacas, lo mismo te sucederá, porque tú también estarías obrando mal.

Eso fue exactamente lo que hice, me protegí de sus ataques sin desearle ni hacerle daño, porque estaba completamente segura de que ella al obrar mal debería responder por esos actos, si es que no había empezado ya, y por cosas de la vida, al enterarse mi amigo de sus planes, sus intenciones, lo que ella había estado haciendo y lo mejor, de cómo lo estaba ejecutando, optó por mantenerla alejada y protegerse de sus artimañas.

Estos dos principios tienen total aplicación, desde las cosas más grandes como la guerra entre naciones hasta las cosas más pequeñas como una pelea entre amigos. De verás piénsalo, cuando alguien te agreda, ¿es realmente la respuesta agredirlo también?…. Sería muy iluso pensar que cada persona adoptaría o creería en el planteamiento de las leyes de la vida, pero si tú lo haces, creo que sería un triunfo… un chinche no puede detener una locomotora, pero si hacerle ronchas al maquinista.

Ahora centrémonos de nuevo en la frase del mes del Programa de Cultura Ciudadana y Universitaria “Aprender a no agredir al congénere, fundamento de todo modelo de convivencia social”, creo que a partir de esto momento, lo verás y lo mejor, lo entenderás en su más amplia dimensión.

¡Hasta pronto!

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