Semillero de nuevos escritores

Participantes en uno de los talleres de RENATANavegando por la web encontré un interesante artículo, y merecido reconocimiento, a la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa RENATA. Yo hago parte del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2009, que hace parte de RENATA, y la experiencia no ha podido ser mejor. Les dejo con esta nota publicada en Vive.in. Para los que quieren conocer más sobre la Red, ingresen a su sitio web www.tallerliterario.org

Semillero de nuevos escritores

Armada de morral y gorra, como cualquier primípara colegiala, doña Bernardita Trujillo, ama de casa de Medellín, decidió ingresar hace cuatro años a la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa (Renata) del Ministerio de Cultura. Hoy, a los 84, está orgullosa de publicar Los días tostados, su primer libro de poemas.

Holguer Cruz Bueno, docente de profesión y asistente a otro de estos talleres en Bucaramanga, se convirtió en un best seller en su pueblo, Piedecuesta (Santander). Luego de que su cuento Granadillas y flores amarillas fuera escogido para una antología de la Red, la Alcaldía de la población le ayudó a promoverlo y fue tal el éxito que alcanzó los 90 ejemplares vendidos.

“Renata es un apoyo fundamental para quienes estamos trabajando la literatura en las regiones”, comenta Holguer, quien también es gestor cultural y replica su experiencia a través de un taller literario que fundó en la región.

Doña Bernardita y Holguer son dos de los más de 1.400 colombianos que han pasado por estos talleres de escritura creativa, desde el 2006. En la actualidad, este programa ha diseñado 43 talleres en 27 departamentos del país.

“Renata busca reflejar la diversidad étnica, cultural y geográfica del país. Allí se construyen las buenas bases del oficio de ser escritor”, explica Melba Escobar, coordinadora del área de literatura del Ministerio de Cultura.

La funcionaria destaca que además de permitir la democratización de las artes para que “todo el mundo tenga derecho a tener una formación en el campo creativo”, estos talleres han sido también un semillero de nuevos escritores que están surgiendo en las regiones y hasta laboratorios de paz.

Es el caso de una señora de Medellín que llegó a los talleres cuando decidió seguir el rastro de los ratos libres de su hijo médico, y así entender por qué lo habían asesinado. O el de un soldado herido, en Florencia (Caquetá), cuyo encuentro con la escritura fue una terapia definitiva en su proceso de recuperación.

“En general, mucha víctimas del conflicto han buscado refugio en estos talleres porque la escritura les ha servido para encontrarse en el mundo”, destaca el escritor Nahum Montt, coordinador nacional del programa.

Montt cuenta que por Renata han pasado todo tipo de personas: amas de casa de todos los estratos, vendedores de películas piratas, mecánicos, estudiantes universitarios, desempleados, pensionados, presos, indígenas, dramaturgos, diseñadores, publicistas y hasta escritores que ya han publicado algún libro.

“Esto permite que la gente, a través de la literatura, mire hacia adentro, pero también encuentre que tiene muchas más historias en común con su compañero de lo que hubiera imaginado. Es como entrar a un mundo en donde la gente empieza a quitarse las máscaras”, agrega Escobar.

Para cubrir la gran demanda de aspirantes, Renata trabaja en tres grandes programas: ‘Palabras mayores’ (para mayores de 65 años), ‘Libertad bajo palabra’ (en 10 cárceles del país) y ‘Oralitura’ (recuperación de la memoria de los pueblos indígenas).

“La apuesta de Renata es a largo plazo. Esperamos que muchos de los participantes terminen convirtiéndose en gestores literarios en sus regiones”, dice Escobar, quien destaca que una de las metas, en los próximos dos años, es llegar a los cinco departamentos que faltan: Arauca, Amazonas, Vichada, Putumayo y Guainía.

¿Sobre qué escriben los colombianos?

El escritor Nahum Montt destaca lo interesante que ha sido descubrir las temáticas sobre las que escriben los colombianos, que están determinadas por el género del autor, su profesión o la influencia de la zona en donde viven.

“Todavía persiste esa creencia que estamos saltando del realismo mágico a lo urbano, o que estamos con tendencias hacia la literatura sicarial. Acá hemos logrado comprobar, a través del trabajo que ha realizado Renata, que tenemos una gran diversidad temática”, explica Montt.

Aunque la impronta de la violencia es permanente, los tratamientos y manejos que se le da al tema son diversos. Los participantes exploran géneros que pasan por lo fantástico, lo histórico y lo romántico (al estilo Corín Tellado).

Montt agrega que mientras en La Guajira se trabaja el lenguaje de una manera musical, por su misma idiosincrasia y las imágenes que manejan, en Barranquilla se destacan más los relatos sobre lo cotidiano, con mayor preponderancia del cuento, a partir del trasfondo histórico migrante de esa ciudad. En Cereté (Córdoba), por ejemplo, se trabaja más la poesía.

Eso confrontado con los relatos que se hacen en los Llanos Orientales, que han tenido una marcada influencia del conflicto en los últimos años. “Un participante de San José del Guaviare escribió un relato titulado Las botas de Lucho, que cuenta la historia de una señora que se levanta en la mañana, limpia unas botas y las pone a secar. Y dice: ‘esas son las botas de Lucho’. Allí se encierra toda la problemática que hay detrás”, cuenta Montt.

Explica que, según el perfil del autor, las temáticas también adquieren ritmos diferentes. “Los pensionados escriben de una manera mucho más lenta, no se dejan presionar por el director del taller y sus relatos suelen estar cargados de reflexiones. Los adultos mayores en este país serían grandes editorialistas”.

En cambio los jóvenes escriben relatos más veloces sobre temas urbanos y de rumba. Por su parte, las mujeres son un tanto más moralistas, agrega el coordinador. Las que se encuentran entre los 40 y 50 años, se concentran más en la lucha feminista y en los dramas románticos.

 

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