Hipertexto: incidencia del lenguaje hipertextual en la vida cotidiana y su potencial para el desarrollo del periodismo

Originalmente coescrito junto con Yolanda Martínez en el 2005. Continuación de la entrada inmediatamente anterior.  Periodismo digital desde Colombia.

Hipertexto: incidencia del lenguaje hipertextual en la vida cotidiana y su potencial para el desarrollo del periodismo

“El catador es el usuario que no ha sucumbido al vértigo provocado por la velocidad del cambio, que ha superado la fascinación y que no se ha estancado en la perplejidad. Utiliza los nuevos medios en función de sus necesidades reales, con sobriedad y con prudencia. Sabe escoger y es consciente de que no puede probarlo todo…” (José Luis Orihuela – Cibercomunidades, medios virtuales, hipertextos, portales y otras promesas de la era digital)

El avasallador ingreso de los Nuevos Medios de Comunicación, ha puesto en práctica maneras específicas de acceder al conocimiento y a la información que se genera en todo el globo terráqueo.

No solo la educación tradicional, ni los medios masivos de información antiguos (prensa, fotografía, radio y televisión) por separado surten el efecto necesario de abastecer de conocimiento novedosos a los ciberindividuos o policiudadanos.

El aula de clase de cuatro paredes, el imperioso tablero, el profesor dictador y los libros o textos impresos son suficientes para llenar las ansias cognitivas y de información de los habitantes de la aldea global.

Por tal razón, la sola palabra, la imagen fija y los sonidos definidos se anacronizaron frente a las nuevas búsquedas de lenguajes o discursos hiperactivos que tenían cada vez más los habitantes de nuestro planeta.

Hoy ese nuevo lenguaje, el que impusieron los Nuevos Medios de Comunicación, cambió los hábitos de formación, aprehensión y convivencia entre quienes asisten a la creación de ese innovador mundo digital y virtual.

“Una de las manifestaciones más evidentes de la cultura digital es la transformación del lenguaje cotidiano. Ya se han instalado en nuestras prácticas discursivas decenas de términos que utilizamos como coraza protectora, como arma arrojadiza, como palabras mágicas, y a veces hasta correctamente: internet, correo electrónico, página web, modem, formatos de archivo, velocidad de conexión, servidor, webcam, interfaz, escáner…” (José Luis Orihuela – Cibercomunidades, medios virtuales, hipertextos, portales y otras promesas de la era digital)

Cada una de estas palabras es un mundo de posibilidades que los usuarios pueden descubrir y apropiar a su nuevo vivir con las múltiples y diversas herramientas tecnológicas que posee.

Por eso, el hipertexto o texto de múltiples formas y múltiples usos, se convierte cada vez más en la herramienta o mecanismo electrónico que abarca y resuelve las inquietudes y ansiedades del colectivo humano.

El hipertexto y la hipermedia, según Aura Margarita Calle Guerra en su escrito “El Hipertexto: Reivindicación de la lectura y la escritura en el medio electrónico a un nivel más virtual que físico”, se constituye en parte de la oferta tecnológica y como complemento del campo de posibilidades informáticas y comunicativas que conjuga el juego de sentidos y lógicas que permiten asistir al mismo tiempo a textos, imágenes, sonidos y conceptos para simbolizar y redimensionar nuevos significados en tiempos y espacios espcíficos.

De esta manera, la galaxia de significantes que representa el hipertexto, el cual nació en el mundo de la computación y la electrónica en 1945 cuando Vannevar Bush propuso una ayuda o mecanismo del que se podía extraer información de manera inmediata y de múltiples formas, constituye el contexto del nuevo desarrollo humano.

Con base en estos nuevos dispositivos tecnológicos, el conglomerado humano ingresó a nuevos y avanzados ambientes culturales, formativos y de conocimiento que desde la multiplicidad textual, le permitieron romper las barreras de acceso a la información e intentar elaborar sus propios conceptos.

Esta interacción comunicativa obliga al usuario del ciberespacio a construir sus propios caminos de llegada al conocimiento, donde la red de textos o hipertextos, establece lazos que facilitan una nueva manera de contacto social, en el que no prima ningún tipo organización.

Son estas percepciones el deber ser de las nuevas tecnologías y de sus herramientas, como el hipertexto y la hipermedia, las que obligan una reflexión sobre si realmente cumplen un papel democratizador de acceso al conocimiento, o simplemente están, con su lenguaje y técnica propia, abriendo más la brecha entre los privilegiados de la tecnología y los marginados de los innovadores fenómenos actuales.

Mientras Orihuela plantea o postula al hipertexto y la comunicación virtual, como la revolución digital para liderar el cambio y contribuir a la integración regional y a la preservación de la paz en el mundo, otros menos optimistas y más realistas como Roque Mollus de Argentina (Hipertexto y Democracia), advierte sobre la concentración del poder en esos nuevos mecanismos, antes que una democratización virtual tal como se quiere vender o hacer creer a los usuarios del ciberespacio.

Y es precisamente a partir de aquí donde los periodistas electrónicos, deben enfrentar su papel con la realidad social y la nueva ideología virtual.

Deben tener claro que el uso de los múltiples lenguajes y posibilidades de acceso al conocimiento y la información, son verdades que tienen un costo social y cultural, el cual debe ser compensado con la transparencia y la ética con la que se rediseñen y envíen los mensajes comunicativos en los nuevos medios masivos.

Deben saber que los seres humanos somos y seremos en nuestras necesidades comunes: reales y no virtuales, y que para sacar provecho de las nuevas tecnologías y medios electrónicos, debemos ser protagonistas y no espectadores, pensando siempre en el beneficio de los demás así como de lo colectivo, antes que de lo privado o de lo personal.

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