La literatura colombiana supera la sombra de “Gabo”

Este artículo, de autoría de Sonia Sierra, fue publicado originalmente en El Universal (México). Es una buena reflexión acerca de los premios que han recibido los escritores colombianos en lo que va corrido del año. A ella solo le falta mencionar uno, James Cañón, escritor tolimense que ganó el Prix du Premier Roman Étranger, premio a la mejor primera novela extranjera del año, en Francia, por su obra “Dans la viulle des veuves intrépides” (La Aldea de las Viudas).

La literatura colombiana supera la sombra de “Gabo”

Aunque los premios no son un termómetro justo para tomar la temperatura de una literatura, algo especial pasa en Colombia, donde en los dos últimos meses cuatro autores han ganado importantes certámenes literarios internacionales.

El jueves se anunció que el libro El país de la canela, del poeta, narrador y ensayista William Ospina, ganó el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Semanas atrás, el poeta Juan Manuel Roca, con Biblia de pobres, obtuvo el Casa América de Poesía. Previamente, Evelio Rosero Diago volvió a conquistar con su novela Los Ejércitos, un premio internacional, “The Independent”, para el mejor libro de ficción traducido al inglés; Los Ejércitos ya había ganado el Tusquets en 2006. A ellos se suma el Planeta Casa de América para Ángela Becerra, por su libro Ella que lo tuvo todo.

Y en dos de estos premios, varios colombianos fueron finalistas: en el Rómulo Gallegos —en el que Elena Poniatowska era jurado— llegaron a la final La Ceiba de la memoria, de Roberto Burgos Cantor, y Bolívar. Delirio y epopeya, de Víctor Paz Otero. En el premio de The Independent, disputó el reconocimiento el escritor Juan Gabriel Vázquez con Los Informantes.

Hoy en Colombia hay narradores y poetas dueños de una obra que rastrea el pasado o el presente, con todos los recursos que la ficción se permite. No es una nueva generación, más bien hay que decir que esa literatura se decanta y se consolidan obras. Hay también —y eso es menos común— lectores, por miles, para libros de literatura.

“En Colombia hoy todavía vivimos el sabor del descubrimiento por muchas razones distintas, una de las cuales es la guerra; otra, la fragmentación del territorio o por la falta de una presencia verdadera del Estado. Los colombianos como que tenemos la conciencia de que no acabamos de saber en qué país vivimos y todos los días el país nos revela cosas que no sabíamos sobre él”, dice William Ospina desde Barcelona.

Dejando de lado los premios, hay un grupo de autores de orígenes, generaciones, estilos, géneros de lo más variopinto, como Héctor Abad Faciolince —con más de 60 mil ejemplares vendidos de su libro El olvido que seremos—, Rafael Baena, Eduardo García Aguilar, Piedad Bonet, Darío Jaramillo Agudelo, Elkin Restrepo, Laura Restrepo…

“Hay una efervescencia. Lo curioso con la literatura colombiana es que está asumiendo sus propios temas desde otras perspectivas, hay un retomar temas capitales, desde muchas sensibilidades y voces y son tanto del pasado como del presente. Gabriel García Márquez fue una gran sombra en los 80, pero desde los 90 ha habido una renovación”, dice desde Bogotá el crítico literario Alberto Quiroga.

En el caso de Evelio, Juan Manuel y William, dice Guillermo González, director de la revista Número, “los premios marcan un reconocimiento a la labor de escritores de verdad, gente que ha consagrado sus energías a la escritura. Los tres, en determinados momentos, han tenido que hacer una ruptura con sus vidas para dedicarse a escribir. En sus casos, la literatura no es una cosa de moda, de improvisación, sino la dedicación a un oficio”.

Reflejan su realidad

Para Ospina es claro que en Colombia e incluso en otros países del continente, hay una necesidad de nombrar, de reconocer, de hacer conciencia, por eso celebra que a un premio como el Rómulo Gallegos, que otorga Venezuela desde 1964, llegaran 274 obras en español: “Todos los días me sorprende América, no somos un continente descubierto como podría decirse de Europa, que lleva mucho tiempo pensándose, conociéndose, recortándose, reconstruyendo su historia. Uno no vive en un continente en el que todo está bajo control; América es distinta”.

Periodista y novelista, Evelio Rosero construye en Los Ejércitos una narración donde el autor no toma partido, y sí refleja la crudeza de esa guerra donde hay varios ejércitos que cercan a la gente común y corriente. Esta novela ha sido considerada por la crítica como una de las más innovadoras revisiones en torno del tema de la violencia.

Biblia de pobres no es un poemario acerca de episodios bíblicos como equivocadamente se diría. Es, según dijo Juan Manuel Roca a El Tiempo, un libro acerca de los orillados, los desplazados, los mendigos, en el cual hace una analogía con los grabados de la Biblia Pauperum, sin el carácter religioso mas sí con el pagano. El libro de Roca, al igual que Los Ejércitos, no da la espalda a la guerra y la violencia en Colombia: “Es un libro un tanto áspero en esa visión”, dijo su autor. Roca, dice González, “es un gran poeta y su trabajo se debe a ese conocimiento de la literatura y también a una mirada sensible de la realidad”.

Ospina señala: “Me alegra mucho sentirme parte de esto. Sí siento que es un momento intenso de nuestra actividad literaria, hacía rato no tenía la sensación de que hubiera tantas personas creando, explorando proyectos distintos en la literatura. Algunos obtenemos premios pero no significa eso que la literatura que hoy se hace en Colombia se limite a los que recibimos premios. Estoy muy contento con los reconocimientos a Rosero y a Roca, que es un gran poeta, y muy apreciado por lectores de poesía en Colombia y América Latina”.

Para Quiroga los premios son muestra de que “hay una literatura muy viva en Colombia, gente que escribe y que publica, y los premios me parecen sólo un signo, una expresión de algo que es mucho más grande, que tiene más calado, que es más hondo”.

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