El teléfono inteligente y la crisis cognitiva que se nos avecina

La portabilidad del teléfono inteligente parece haberse convertido en una amenaza para nosotros mismos. Previamente han existido tecnologías portables como el impreso (libros, periódicos, revistas) y la radio, con capacidad ambas de generar estímulos intelectuales, pero el teléfono móvil, siempre con nosotros, con acceso permanente a internet y, a través de este, a un consumo intensivo y compulsivo de plataformas de videos cortos (TikTok, Reels en Instagram y Facebook, YouTube Shorts…), a aplicaciones de Inteligencia artificial generativa (ChatGPT, Gemini, Grok…), y a servicios de mensajería instantánea (Whatsapp, Telegram…), ha empezado a afectar nuestras funciones cognitivas: atención, retención, concentración, memoria, análisis crítico, creatividad.

Hace unos días una colega que participó en una reunión de gremios me comentó cómo estos exponían a lo que estaban enfrentándose en las empresas. Enfermeras que se distraían con su teléfono y olvidaban darle a tiempo las medicinas a los pacientes, operarios que no se daban cuenta que una máquina había terminado una tarea y se quedaba funcionando sin material porque atendían el móvil, accidentes laborales porque su atención estaba en el teléfono, vendedores que atendían a los clientes sin dejar de deslizar el dedo por la pantalla dejando de ejecutar estrategias de ventas; así como lo que vivo permanentemente en el aula, estudiantes en clase, pero mentalmente absorbidos por este dispositivo.

Hace poco leía una investigación en neurociencia, Mobile phone short video use negatively impacts attention functions: an EEG study, que señalaba que el excesivo consumo de video corto generaba picos de dopamina, lo que llevaba al cuerpo a necesitar ese estímulo cada vez más para satisfacer su interés y que a su vez impactaba negativamente en la capacidad de concentración y dificultad para la realización de tareas de largo aliento cognitivo como la lectura, el cine, el estudio o incluso el trabajo.

Semanas antes había leído acerca de la “deuda cognitiva” en Your brain on ChatGPT: Accumulation of cognitive debt when using an AI assistant for essay writing task, que puede estar causando el uso de ChatGPT, y en general de la IA generativa, al usar esta herramienta como asistente de escritura. Un cerebro perezoso con peor rendimiento a nivel neuronal, lingüístico y ortográfico.

La llamada economía de la atención, ese modelo económico donde la atención humana es tratada como un recurso escaso por el cual se compite con el objetivo de monetizarse, está dejando una huella que empieza a ser preocupante en el desarrollo cognitivo de las generaciones nacidas desde el 2008, cuando se popularizaron los teléfonos inteligentes con tiendas de apps, hasta la fecha. Todos ellos y ellas criados por la niñera teléfono celular, acostumbrándose desde un primer instante al consumo permanente y desmedido de apps de videos cortos, de mensajería instantánea, de IA generativa, que no permiten la pausa, ni la reflexión ni el aburrimiento fértil.

Este deterioro cognitivo se suma a las ya afectaciones físicas en la espalda, cuello, manos y dedos, así como fatiga visual, alteraciones del sueño, sedentarismo y obesidad por el uso intensivo del teléfono celular, ampliamente documentadas por la medicina. Entonces, ¿veremos ahora casos de demencia y Alzheimer en personas jóvenes? ¿aparición de nuevas neuropatías causadas por la adicción a este dispositivo? En otras palabras, ¿nos estamos preparando para la crisis cognitiva que se nos avecina?

Sería ingenuo y anacrónico caer en la postura de demonizar esta tecnología, pero sí es necesario que el mismo Estado y sus sistemas educativos y de sanidad reconozcan la urgencia de una alfabetización digital crítica, una regulación consciente del tiempo frente a estas pantallas, un control legal a la arquitectura adictiva de las apps, y un debate social sobre los efectos de la economía de la atención en las generaciones que nos relevarán.

*Columna publicada originalmente en el diario El Universal (Cartagena) y la Revista Metro.

        También puedes leer su versión para el diario impreso:

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